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1 El socialismo abierto del Siglo XXI
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El PSOE celebra su 38 Congreso Federal en circunstancias difíciles. El pasado 20 de noviembre obtuvo el peor resultado de su historia democrática reciente en unas elecciones generales, logrando 110 escaños. Cerca de 4,5 millones de personas que votaron socialista en el año 2008 han decidido no hacerlo esta vez, lo que indica que nuestra base social se ha reducido desde entonces.
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Las dimensiones de la derrota así como el contexto en el que nos encontramos exigen la apertura de un proceso de reflexión y debate exhaustivo, honesto y abierto a los militantes y a toda la sociedad. Los ciudadanos nos han enviado varios mensajes claros a través de las urnas, que debemos escuchar y examinar. Una parte importante del electorado socialista de izquierda ha optado por otras fuerzas minoritarias o por la abstención. Cerca de un millón y medio de votantes socialistas lo han hecho a su vez por fuerzas políticas de centro-derecha. Hemos perdido parte del voto joven, urbano, y de grupos con un nivel educativo más alto.
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La situación económica y la incertidumbre sobre el futuro son las razones esenciales que explican ese resultado, aunque también se aprecian en paralelo dosis de decepción y pérdida de confianza por lo que se ha percibido como una gestión defectuosa o injusta de la crisis. El cambio de orientación de las prioridades del PSOE en esta coyuntura compleja ha desplazado otras cuestiones de la agenda política, defraudando las expectativas de colectivos concretos que nos dieron su apoyo anteriormente. Como dijo nuestro Secretario General en el Comité Federal de 26 de noviembre de 2011, refiriéndose a las medidas que tuvimos que tomar en mayo de 2010, “preocupados y absorbidos por la articulación presupuestaria de las medidas, seguramente no acertamos a integrar su explicación en un discurso global y coherente”. Ello generó un creciente aislamiento social del PSOE, y un deterioro de nuestra credibilidad.
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Se abre ahora un período incierto marcado por la persistencia de una crisis económica que nos sitúa en una encrucijada crucial para el futuro de nuestra sociedad, y que en tres años se ha llevado por delante más de 80 millones de empleos en todo el mundo. Un período marcado por el debilitamiento progresivo de los Estados y las instituciones democráticas, el aumento de las desigualdades de renta, la reducción de la solidaridad en Europa, y la creciente primacía de los valores conservadores. Todo ello en un contexto político caracterizado por cierta fragmentación del voto de la izquierda en línea con el fenómeno observado en los últimos años en los países de nuestro entorno y que otros partidos socialdemócratas en Europa no han logrado contrarrestar fácilmente.
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Se trata por tanto de un período en el que articular una alternativa socialista creíble al modelo de sociedad y economía preponderantes durante las últimas décadas cobra si cabe aún mayor importancia. En sus años de historia, el PSOE ha jugado un papel determinante en la lucha por la democracia, las libertades y derechos de los españoles y las españolas, la modernización de nuestro país, su economía y sociedad, en momentos igualmente o incluso más críticos que el actual. Hoy, más que nunca, está llamado a continuar jugándolo como principal partido de la oposición. Esa es nuestra aspiración, y la de los más de siete millones de personas que han seguido dándonos su confianza en un momento difícil. Con este objetivo trabajaremos en los próximos años para recuperar el gobierno.
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Es indudable que la crisis económica y el desgaste de la última legislatura en una coyuntura crítica sin precedentes son factores importantes a la hora de interpretar los resultados electorales. Todos los partidos en el gobierno en países de nuestro entorno han visto disminuir su apoyo popular desde el año 2008, y la mayoría de los que se han enfrentado a elecciones generales en este período han pasado a la oposición, independientemente de su ideología.
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No obstante, no debemos caer en la tentación de simplificar nuestro análisis. Tras la crisis, tras la opción de voto de la mayoría de los españoles y españolas, se ocultan tendencias, algunas incipientes y otras consolidadas, relacionadas con algunos de los desafíos más importantes a los que se enfrenta la socialdemocracia, y el socialismo español en concreto, en el S XXI, y que aún no hemos sabido resolver.
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Las opciones de izquierda han salido especialmente dañadas por las estrategias europeas para afrontar la crisis, en un contexto de mayoría conservadora. Los partidos progresistas en el gobierno, en clara minoría, se han visto sometidos a la presión de mercados y partidos conservadores para actuar en una senda que reduce el papel del Estado como soporte de la cohesión social ante la crisis y también como agente dinamizador en el proceso de reactivación posterior. Esto ha relegado a los gobiernos progresistas a vivir en la contradicción permanente entre su discurso político y su acción económica, lo que ha terminado minando la imagen ciudadana sobre su capacidad para salir de la crisis de manera infundada. Desde la oposición, esos mismos partidos progresistas se enfrentan a la dificultad de articular, transmitir y defender una alternativa viable, creíble y de futuro frente a las políticas económicas y sociales que se están imponiendo.